Alumnos de 6to A crean nueva versión de “Los tres
cerditos” a partir de la producción de 5to. Año A: “Los trillizos, el lobo
bonachón y el malvado oso".
LOS MALVADOS HERMANOS CONTRA EL DÚO DINÁMICO
Hace mucho tiempo, en una oscura mañana con tormenta,
cuando yo vivía en una cueva al pie de la montaña, conocí a tres cerdos
mocosos, grandotes y cargosos que eran hermanos. El menor se llamaba Alfredo,
el que que se vestía como un vaquero, el mediano se llamaba Martín, el que era
muy buen bailarín y el mayor se llamaba
Arturo, al que le decían el duro. Eran pescadores y vivían en una aldea. Arturo
pescaba, Martín fileteaba, Alfredo todo devoraba y a mí me culpaban.
Todos los días, el lobo Bonachón iba a pescar con ellos
pero lo rechazaban porque de mala manera pescaba, pues con su boca sus presas
capturaba. Entonces él venía a mi hogar en busca de consuelo.
En las tardes soleadas, cuando yo aparecía en el arroyo
cercano a la aldea, los hermanos escondían todo lo que tenían, ¡como si lo
suyo me comería!
Un día, al atardecer, una piraña mi pesca interrumpió,
así que me fui dejando en la orilla mi preciado manjar, el que pronto
desapareció.
A la medianoche vi al lobo Bonachón, el que me contó
que Alfredo con mi alimento se quedó.
Fui a la aldea nada contento y le reclamé mi merecido alimento, pero como éstos
no me lo dieron, llamé a Bonachón para recuperarlo de nuevo.
Mi aliado Bonachón al cerdo los
pescados le pidió, pero Alfredo muy asustado gritó:
-¡Vengan rápido, el oso y el lobo me quieren comer!
Arturo, el más duro, un piñazo nos pegó y con Alfredo escapó.
Los dos hermanos
salieron a pedirle ayuda a Martín, quien
seguía bailando al son del violín. Cuando le contaron lo ocurrido, el cerdo
bailarín actuó rápidamente sacando
una enorme red de pesca para retenernos, pero con nuestras garras filosas
el trasmallo pudimos romper y así
escoger que pescado comer.
Los cerdos ahí
comprendieron que un mal entendido se había producido. Alfredo arrepentido
perdón nos pidió y a partir de ahí él cambió. Desde ese momento los cerdos
comprendieron que no hay que apresurarse a juzgar sin antes averiguar.
Desde
ahí pescamos felices encarnando lombrices.