
Pinocho era un muñeco de hielo. Si hacía algo mal o mentía se le desaparecían las orejas.
Como consecuencia su padre inventó un sistema de enfriamiento. Era una heladera gigante donde dormía Pinocho.
Un día pasó algo muy raro se cortó la luz y casi desaparece el muñeco.
Pero gracias a la inteligencia de Gepetto que había inventado un motor para que funcionara la heladera seguía con vida.
Cuando salía de la heladera el muñeco paseaba porque tenía ruedas y se podía mover.
Cierto día salió a una plaza a pasear y justo en su camino se tropezó contra una piedra. A Pinocho se le rompió una rueda.
Se sentó en una piedra gigante y esperó hasta que pasara alguien y lo pudiera ayudar.
Pasaron millones de personas pero ninguno se dignó a levantarlo y ayudarlo.
Pinocho se sentía asustado, tenía miedo de derretirse por el gran calor que hacía ese día.
Al anochecer apareció un zorro y lo ayudó. Se acercó lentamente caminando y le preguntó:
-¿Estás bien?
-No, se me rompió una rueda.
-Yo te ayudaré, creo que en mi taller tengo una como esa. Súbete en mi bici, para dos personas, que te llevo.
Lo llevó al taller y le arregló la rueda. Luego de arreglarla lo invitó
a tomar un helado. Al terminar su postre
lo llevó a su casa.
Cuando Pinocho llegó su padre no estaba, había salido a buscarlo porque pensó que le había pasado
algo ya que era tarde y no regresaba.
Al llegar Gepetto, encontró a Pinocho sentado afuera derritiéndose de
tanta tristeza.
Rápidamente y sin pensarlo dos veces tomó a su hijo y
lo llevó a la heladera, luego de un
largo rato se recupero, su amigo el zorro y su padre se pusieron muy contentos.

